31/3/12

Alfred Korzybski

”Un mapa no es el territorio que representa, pero, de ser correcto, tiene una estructura similar al territorio, razón por la cual resulta útil. Si el mapa pudiera ser idealmente correcto, incluiría (en escala reducida) el mapa del mapa. Si reflexionamos acerca de nuestros lenguajes, encontramos que, en el mejor de los casos, deben ser considerados tan sólo como mapas. Una palabra no es el objeto que representa; los lenguajes también exhiben esta peculiar capacidad de reflejarse a sí mismos: podemos analizar lenguajes por medios lingüísticos. El “lenguaje de mapa” anticuado, necesariamente, debe llevarnos a desastres semánticos, al imponer y reflejar su estructura antinatural… Siendo las palabras y los objetos que representan dos cosas distintas, la estructura, y solamente la estructura, se convierte en el único vínculo entre los procesos verbales y los datos empíricos. Las palabras no son las cosas de las que hablamos… Si las palabras no son cosas, ni los mapas el territorio mismo, entonces, obviamente, el único víncuo posible entre el mundo objetivo y el mundo lingüístico debe hallarse en la estructura, y sólamente en la estructura. La única utilidad de un mapa o lenguaje depende de la similitud entre los mundos empíricos y los mapas-lenguajes. El hecho que todo lenguaje tiene alguna estructura… lleva a que inconscientemente leamos en el mundo la estructura del lenguaje que usamos…”